De uno a diez, era más que yo.
No pregunto cosas que no quería saber, pero tampoco me creyó nada. Y no actúo en consecuencia, solo se dejo llevar... mucho.
No se retracto de nada dicho, pero tampoco puso limites. Y ambos aprovechamos eso.
Me invito todo lo que tenia y no espero retribución. Aunque la hubo.
Nos dimos todo lo que permitia ese frecuentado reservado y mas.
No tuve que mentirle, pero tampoco hubo necesidad de profundizar en verdades.
No hubo comercio alguno de poses o fachadas. Y eso nos derritió a ambos.
No hubo futuros fantásticos, arrepentimientos, ni intercambio de promesas.
Tampoco deseos de que el momento dure para siempre.
No intercambiamos números, ni caricias acongojadas de adiós. Pero me dijo que no le gustaba buscarme entre la gente y pensar que ya me había ido.
No se y no me importa donde vive. No la busco en desconocidos y no se si quiero volver a verla.
Me dijo que era muy peligroso y que no era un halago considerarme digno de “lo que quiera”.
Lo mas importante no hubo despedidas, ni ultimo beso. Solo me fui a por una birra y jamás regrese.
Digno de recordar. Aunque solo fue "esa" noche.




